domingo, 31 de marzo de 2013

Amanecer Índigo


Nacen en todo el mundo criaturas con la misión de pacificar a la humanidad


AMANECER DE LOS NIÑOS ÍNDIGO


Escribe:  Miguel Grinberg


Imágenes: Omar Panosetti
 




No se trata de un fenómeno sobrenatural ni se inscribe en los parámetros de la ciencia-ficción. Es un dato concreto de la realidad. Durante los últimos veinte años se ha verificado el nacimiento incesante de niños "diferentes", que en primera instancia causan estupor o desconcierto en sus padres, dado que a medida que crecen sus conductas no responden a todo lo que el mundo de los adultos da por sobreentendido. Literalmente, no calzan en los moldes preestablecidos.



Durante las últimas dos décadas, médicos pediatras, educadores y asistentes sociales vienen siendo testigos de un fenómeno infantil que no registra antecedentes en los anales de la medicina y la pedagogía. Se trata de la irrupción de una nueva especie de criaturas que poseen características espirituales, anímicas y motrices muy diferenciadas de lo que tradicionalmente se consolidó a través de la cultura humana.

Varios libros algo distantes, publicados en Estados Unidos y Europa, han abordado el fenómeno y coinciden en utilizar una denominación común para estos seres sorprendentes: los llaman Niños Índigo

En lo que se refiere a su desempeño cotidiano, y esto ya empieza a ser advertido claramente cuando comienzan a ser "socializados" en el jardín de infantes, en general estos niños evidencian por una parte falta de concentración o de atención, y por otra parte se distinguen por lo que técnicamente la pediatría denomina hiperactividad. Tanto en el jardín como en su hogar, se desentienden de las pautas que intentan concretar los mayores y al mismo tiempo manifiestan un dinamismo físico desmesurado y resulta casi imposible mantenerlos callados. Esto último ha impuesto en todo el mundo el uso de una droga cada día más corriente, denominada metilfenidato.

Una de los primeras referencias sobre este fenómeno generacional fue efectuada hace más de una década por el espiritualista estadounidense Drúnvalo Melchizedek, quien indicó que a partir de 1982 habían comenzado a nacer muchos niños con el "tercer ojo" abierto, o sea, con una activación incentivada de lo que en Occidente conocemos como "intuición" o "sexto sentido". Posteriormente, cuando ya se utilizaba ampliamente la denominación "niños del nuevo sueño", el mismo explorador de la consciencia humana declaró: "Hay tres tipos de niños que emergen hoy en el mundo. Los primeros aparecen en China desde 1984 y son llamados ‘niños super-psíquicos’. Los segundos son los ‘niños Índigo’. Y los demás se clasifican como ‘niños del sida’, que nacieron en Estados Unidos infectados por sus progenitores y hasta los seis años eran seropositivos. Y de pronto, el HIV desaparecía. El primer caso fue estudiado por la Universidad de California en Los Ángeles, y se descubrió que, a diferencia de todos los mortales, en el su código genético (ADN) poseían cuatro ácidos nucleicos adicionales. O sea, traen un sistema inmunológico fortalecido".

Las novedades de 1982 fueron documentadas por la investigadora estadounidense Nancy Ann Tappe, quien en su libro Understanding your life through color (Entendiendo su vida mediante el color) describía el advenimiento de niños con un "aura" (campo electromagnético de los seres humanos) de color violáceo o índigo. Tappe posee el don de ver naturalmente dichos campos, y afirmaba que la humanidad estaba ante un fenómeno sin precedentes.

Hoy se multiplican informes y libros sobre la temática de los niños Índigo en todo el mundo. Todos aseveran que ellos poseen atributos psicológicos insólitos, evidencian una elevada sensibilidad y llegan a nuestro mundo con la misión de promover un nuevo entendimiento en la especie humana. Se afirma que progresivamente su número crecerá velozmente en el planeta entero y que —comenzando por sus familias y siguiendo por los establecimientos escolares que frecuenten antes de llegar a la vida adulta— impulsarán la creación de una nueva sociedad basada en la honestidad, la solidaridad y el amor.

Momentáneamente, dado el grado de sutileza emocional de los niños Índigo y los procesos convulsivos y destructivos del mundo actual, muchos de ellos evidencian actitudes que los pediatras rotulan como distracción, hiperactividad o inclusive autismo (retracción personal). Pero en medio de esta vorágine algo debe ser resaltado de modo inequívoco: no todos los Índigo son ADD/ADHD y tampoco todas las criaturas con ADD/ADHD son niños Índigo.

En su libro The Indigo Children, publicado en Estados Unidos en mayo de 1999, los investigadores Jan Tober y Lee Carroll destacan que no se trata apenas de un fenómeno estadounidense, y que ya los han detectado en tres continentes. Su nacimiento no depende del grado cultural de sus padres ni de su posición social. Y resaltan que "los medios de comunicación social se abstuvieron de prestarle atención al tema porque no pueden admitir que esté naciendo una generación con la finalidad de transformar la sociedad, esta sociedad que presuntamente constituye un modelo estático e inmutable". 

Todos los profesionales que aportaron estudios al libro de Tober y Lee lo hicieron con la intención de proporcionar a los padres y educadores de los niños Índigo herramientas útiles para una convivencia creativa y, al mismo tiempo, para evitarles padecimientos innecesarios a quienes dentro de una generación estarían en condiciones de alterar —para mucho mejor— el calamitoso estado de nuestro mundo.

METILFENIDATO VERSUS ADD/ADHD

En inglés, la sigla ADD se refiere al Trastorno por Déficit de Atención (attention deficit disorder) y el ADHD indica Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (attention deficit hyperactive disorder). En Estados Unidos, ambas perturbaciones son caratuladas como "desórdenes neurológicos", y ya son tan comunes que afectan a unos dos millones de niños (el 5 por ciento de la población infantil). Se estima que por lo menos en cada aula de la enseñanza preescolar y primaria hay un niño con tal problemática, lo cual dificulta su desempeño en la clase y en los demás marcos sociales.

Ante estas circunstancias, los expertos se muestran trabados y desconcertados porque no logran ponerse de acuerdo sobre las causas exactas del ADD/ADHD. Tanto una conferencia de especialistas realizada en 1998 por los Institutos Nacionales del Salud, como otra de la Academia Americana de Pediatría en 2000, llegaron a la conclusión de que "no existen bases biológicas conocidas para tales afecciones". Un destacado neurólogo señaló: "Cuando más se estudia la hiperactividad o el ADD, menos certeza se tiene de lo que son, o si se trata de un millar de situaciones diferentes llamadas de la misma manera".


A lo cual agregó otro neurólogo: "No hemos identificado una causa única del ADHD, y de hecho probablemente un día se probará que es un término paraguas para una cantidad de desórdenes asociados". 

 


 En consecuencia, según los mayores especialistas, el mecanismo exacto que dispara el ADD es desconocido y el criterio de que el ADHD no es un síndrome comprobado tiene muchos adeptos, tanto médicos como educadores. No obstante, exista o no tal síndrome, resulta claro que muchos niños tienen dificultades en la escuela por su incapacidad de prestar atención. De allí el uso masivo de metilfenidato, para atenuar el auge de la hiperactividad infantil.

Dado que las hipótesis de los expertos son muy variadas, ello crea mucha más angustia y confusión entre los padres y los niños que padecen los síntomas. Por ejemplo, la Asociación Pedriática Americana elaboró una lista con catorce indicadores, de los cuales por lo menos ocho deben estar presentes para que se diagnostique que un niño padece ADD/ADHD. Ellos son: 1) mueven a menudo nerviosamente sus manos y sus pies, o se contorsionan cuando están sentados; 2) tienen dificultad en permanecer sentados cuando les es requerido; 3) se distraen fácilmente ante estímulos externos; 4) tienen dificultad en esperar su turno durante los juegos u otras actividades grupales; 5) con frecuencia emiten respuestas abruptas antes de que se hayan completado las preguntas; 6) tienen dificultad en seguir las instrucciones; 7) tienen dificultad en mantener la atención durante juegos o tareas; 8) suelen pasar de una actividad incompleta a otra; 9) no logran jugar con calma; 10) suelen hablar en exceso; 11) suelen interrumpir o avasallar a los demás; 12) suelen no escuchar lo que se está diciendo; 13) suelen olvidar los elementos necesarios para las tareas; 14) suelen envolverse en actividades peligrosas sin considerar las posibles consecuencias.

En EE. UU, numerosos padres comienzan a negarse a utilizar el metilfenidato por sus frecuentes efectos colaterales: nerviosismo, insomnio, pérdida de apetito, náuseas, palpitaciones, cefaleas, erupciones cutáneas, problemas digestivos y estados de depresión.



El pecado según Murena


EL PECADO, SEGÚN MURENA


Puede que los latinoamericanos hayamos desarrollado una extraordinaria Capacidad de Olvido. Sólo así se justificaría la habilidad maradoniana con que solemos gambetear la realidad impuesta, tan ajena, tan lejana a nosotros mismos. Este artículo aborda el pensamiento de un escritor y un ser excepcional de estas pampas: Héctor Álvarez Murena (1923-1975).


Escribe: Miguel Grinberg
Imágenes de Andrés Bestard
APM -  número 7

Existe un segundo pecado original, el desarraigo espiritual, que equivale a una expulsión, no del Edén sino del presunto Mundo Civilizado, y tal fue la materia prima con que Héctor Álvarez Murena construyó una visión del ser argentino que conviene evocar a varias décadas de su muerte.






En el año 1965, en un pequeño libro –hoy muy difícil de hallar– publicado por Sudamericana en su colección Piragua, el autor contaba que en los intelectuales el más alto promedio de suicidios se daba entre los sudamericanos. Y describía un anochecer de invierno en que caminaba por un barrio de Buenos Aires, "cuando la noche cae, cuando el don de la luz solar se retira y se ve a cada criatura marchar rápidamente hasta desaparecer, como si algo la persiguiera, cuando por fin las calles quedan desiertas, el barrio, con sus casas chatas, con sus rectos caminos, que parecen no ofrecer ningún amparo, se revela como el angustiante corazón de esta tierra, como el desolador símbolo de un mundo destilando la punzante tristeza de girar encerrado en sí mismo, mudo, prisionero del silencio, sin poder expresar el sentimiento que lo consume, sin haber conquistado aún ese temblor, ese grito que se llama espíritu".


El libro se llamaba El Pecado Original de América, y su autor –Héctor Alvarez Murena– aceleraría su partida una década después, a los 52 años, dejando otras obras cruciales como Homo Atomicus y Ensayos sobre la Subversión.

Como americano de primera generación, Murena abordó como pocos el tema del desarraigo espiritual en la vastedad de un continente tergiversado, postergado y mutilado. Y también, disecaba el afán imitativo que deformaba (y sigue deformando) la presencia de los argentinos en particular y los latinoamericanos en general) en un mundo cada día menos singular. Y sin embargo sostenía que América es una nueva tentativa del hombre para vencer el silencio mundial, para poblar la tierra inerte de la materia con la viva palabra del espíritu.

Para él, el "segundo pecado original" consistía en un desarraigo carente de contenido espiritual y en una vigilia donde el vacío devoraba las almas. Sostenía que en América no se ha logrado formar comunidades, sino sólo conglomerados, "bancos coralíferos de hombres" sin nada espiritual en común, donde la inseguridad profunda y la conciencia anormalmente aguda de la precariedad son agentes corrosivos que suscitan todo un sistema ético negativo –visible o pronto a aflorar en cualquier momento– cuyos atributos son la avidez desmesurada, la ostentación, las diferencias sociales vertiginosas, el falso refinamiento, la barbarie, el abuso, la ironía, la pasividad y la desconfianza.

"Americano de primera generación, el estupor inicial de abrir los ojos ante un panorama ajeno a mi sangre no deja de repetirse en mí día tras día", dijo cuando se producía esa segunda reedición de su libro, tras haberse agotado mucho antes la publicación original. "América es una presencia en mí en la medida en que soy americano, pero acaso aun más en la medida en que no lo soy. Esto explica en cierta forma el hecho de que mis primeras obsesiones, mis primeros escritos tratasen sobre América. No sólo representaba ésta la particular situación histórica y geográfica que me había sido dada –junto con muchos otros– para librar esa ambigua batalla que se conoce como vida o destino, sino que además me planteaba a mí en particular –aunque también junto con muchos otros– la impostergable necesidad de convertir en un mundo que viviese en mi alma, ese mundo que en gran parte se alzaba como un recinto en el que mi alma estaba prisionera".

La materia prima con que Murena elaboró El Pecado Original de América surgía de ese tipo de angustias personales y del análisis de la vida y obsesiones de otros escritores. Edgar Allan Poe le permitía analizar el parricidio o la matanza de los padres. En Horacio Quiroga y Roberto Arlt se daba el sacrificio del intelecto. Ezequiel Martínez Estrada brindaba una lección a los desposeídos, mientras Florencio Sánchez libraba una titánica batalla contra el silencio.





Remarcaba: "En unas décadas, sucesión impresionante de golpes de estado, caos, miseria incipiente: prueba de la índole americana de la Argentina, que se hace potente en sus negatividades por la soberbia de una comunidad que se empeñó en creer en las apariencias, que desatendió así los riesgos de su situación original. Y entre tales apariencias debe incluirse la piel. Porque el mestizaje americano –que en algunos países asume la forma racial– es de orden mental, espiritual. Este mestizaje surge del enfrentamiento de las criaturas con un ambiente histórico extraño al que les era habitual. Afecta tanto a los indígenas como a los recién llegados de Europa, o Asia: es indiferente del color de la piel, la raza. Por esa razón, por ser el mestizaje americano de orden mental, los problemas americanos suelen darse en la Argentina mucho antes que en los otros países de América, y a veces con mayor intensidad... No podemos continuar a España, ni podemos continuar a los Incas, o a cualquier otra cultura indígena que se desee invocar, porque no somos, ni europeos ni indígenas. Somos europeos desterrados, y nuestra tarea consiste en lograr que nuestra alma europea se haga con la nueva tierra... América es una nueva tentativa del hombre para vencer al silencio mundial, para poblar la tierra inerte de la materia con la viva palabra del espíritu."

Con prosa sutil y feroz a la vez, Murena declaraba que Roberto Arlt –magistral autor de Los Lanzallamas y Los Siete Locos– había descubierto en sí, y trasmitió a sus personajes, que los argentinos, los americanos, como los rusos, sienten una especie de ilegalidad vital, una des- autorización de sus existencias en el ámbito nacional, como si esa justificación estuviera reservada sólo para el occidente de Europa, una ilegalidad que se intenta superar con la búsqueda de la intensidad del sufrimiento, de los apretujones del dolor... "Un nuevo espíritu se paga caro", afirmaba Murena en la cumbre de sus propias angustias.

Y de inmediato, con crudeza total, declaraba que "los americanos somos los parias del mundo, como la hez de la tierra, somos los más miserables entre los miserables, somos unos desposeídos. Somos unos desposeídos porque lo hemos dejado todo cuando nos vinimos de Europa o de Asia y lo dejamos todo porque dejamos la historia. Fuera de la historia, en este nuevo mundo, nos sentimos solos, abandonados, sentimos el temblor del desamparo fundamental, nos sentimos desposeídos. Es el primer sentimiento que da la pura condición humana, es la condición humana misma. Porque precisamente el hombre es esa extrañísima criatura que no tiene un ser dado y cerrado a todo de antemano, como la piedra, como el animal que vive en el éxtasis de sus propios seres conclusos, sino un ser sólo posible, recién iniciado, que debe hacerse a sí mismo. Ni el ser acabado de la piedra ni el no ser: el hombre es necesidad de ser, sentimiento de lo que le falta para ser, angustioso sentimiento de desposesión en medio de un extraño mundo. Con el ser concluido, cerrado, el hombre sería un dios o una piedra. La humanidad es la angustia de ser posible, sólo posible, es el sentimiento de lo que se carece para ser, el vértigo de sentir a fondo que no se es nada: eso somos los americanos, a secas, parias."

Dos décadas después del dramático mutis por el foro que encaró H. A. Murena (como él solía firmar), terminamos por fin de caer al fondo del tacho de la historia, hemos desembocado por fin en la consciencia de ser y estar en América, en la trastienda de otro pecado, que como el original, significó la expulsión de un presunto paraíso. Somos al mismo tiempo el conquistador y el conquistado, la víctima y el verdugo. De nuestra capacidad de parar de comernos los unos a los otros como caníbales metafóricos, dependerá el porvenir argentino. Es el gran secreto del guerrero genuino, que consiste en transformar la destrucción del adversario en un acto de seducción. Y en este caso, en este particular instante de nuestra historia, conocemos bien al enemigo: somos nosotros mismos.




lunes, 18 de marzo de 2013

La Argentina Final


DISYUNTIVAS CRUCIALES EN EL UMBRAL DE UN NUEVO SIGLO: ¿TRAMPOLÍN, TOBOGÁN O RAMPA DE DESPEGUE?
LA ARGENTINA FINAL
Escribe: Miguel Grinberg

Imagen: Andrés Bestard


APM -  ACTUALIDAD PARA MÉDICOS
AÑO V - NÚMERO 34 - MARZO DE 2000



"Creo que actualmente hay dos Argentinas: una en defunción, cuyo cadáver usufructúan cuervos de toda índole que lo rodean, cuervos nacionales e internacionales; y una Argentina como en navidad y crecimiento, que lucha por su destino, y que padecemos orgullosamente los que la amamos como a una hija. El porvenir de esa criatura depende de nosotros y muy particularmente de las nuevas generaciones."


LEOPOLDO MARECHAL
(1900-1970)

Ahora que ya no existe la confrontación Capitalismo versus Comunismo y que el concepto de Globalización domina las transacciones materiales de los hombres de este planeta, todos los desafíos existenciales y éticos del siglo XX –desatendidos y hasta despojados de entidad– hacen crisis y arrastran con ella simultáneamente el ánimo de varias generaciones de argentinos.

Los jóvenes que concluida la Segunda Guerra Mundial (1945) apostaron a la Argentina de Perón, los jóvenes que en 1960 apostaron a la utopía de la violencia del Che Guevara, los jóvenes que durante el ciclo 1966-1983 resistieron el genocida accionar de variadas maquinarias dictatoriales (todos ellos convertidos ahora en veteranos nostálgicos), y los jóvenes de hoy –carcomidos por la virtualidad electrónica y la estupidez multipropalada–, advierten el sobrevuelo de los cuervos y no atinan a asumirse como individuos generadores de realidades diferentes.

No es fácil hacerlo. Los medios monopolistas de incomunicación social, centrados en la distracción y el disimulo al servicio de netos intereses lucrativos para los cuales la gente es un abstracto recurso renovable y que sólo interesa como acumulación de números y estadísticas, multipropalan la confusión bajo el tradicional adagio de "dividir para reinar". Nunca antes, en la Argentina y en el mundo, fue tanta la plenitud posible y –al mismo tiempo– la infelicidad colectiva.

Ya no tiene que ver con la guerra de las ideologías. Es otro tipo de guerra, que impulsa una ronda infinita de almas en subasta y de vocaciones destruidas.

Hay apenas dos tipos de economía: la de la abundancia y la de la escasez. Las remotas épocas de "vacas gordas" en la Argentina facilitaron una ficción de abundancia, porque era tan grande la acumulación de riqueza en círculos oligárquicos, que ello daba margen para la configuración de vastas clases intermedias cuyas migajas caían ampliamente en el plato de los desposeídos, de modo que mal o bien cada cual lograba no caer en el abismo de la miseria, aquella mishiadura que aniquiló a miles de argentinos durante la crisis estructural global de los años 30, y que tan textualmente quedó registrada en la poesía de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Escribió proféticamente: "He pretendido reflejar el momento de locura universal que atravesamos. El mundo marcha a la deriva... Se han roto los diques de la cordura y de la sensatez y la humanidad no encuentra los caminos de la dicha... El mundo inspira terror, el momento es de vértigo, de desorden, de catástrofe. La Tierra está incendiada por sus cuatro costados. Se quiere destruir para reconstruir. Estamos en plena locura..., el hombre mecánico desplaza a la humanidad. Azorado por los prodigios de la mecánica que rige el mundo, que se anticipa al porvenir en fantásticas demostraciones del ingenio humano en un afán demente por conquistar dinero, mi personaje compendia así la suerte de la sociedad futura: los pibes ya nacen por correspondencia y asoman del sobre sabiendo afanar".

Cuando la abundancia, aún la que se reparte injustamente, es reemplazada por la escasez, su administración pública es más salvaje, menos "generosa". Presupone el sacrificio de grandes sectores de la sociedad, en un esquema tipo naufragio, según el cual se vuelve necesario tirar del bote de goma a veinte para que presuntamente se salven cinco. Agravado ello por políticas que dictan contadores disfrazados de economistas, que sólo conocen el negocio de hacer "que las cuentas cierren", y de abogados metidos a dirigentes nacionales cuyo mayor empeño consiste en decidir qué sectores de la comunidad deben ir al matadero.

Administrar la escasez, en tiempos de egocentrismo patológico y de mitomanía retórica, consiste apenas en teñir a los cuervos con colores fluorescentes, para que parezcan inocentes canarios.

Cuando llegaron los conquistadores españoles, en estas pampas chatas o estas estepas patagónicas no existían imperios "precolombinos" de tipo azteca, maya o inca, sino algunas tribus nómades semidesnudas que pueden apreciarse en descoloridas fotos de ya extintos onas o yaganes. Millones de sacrificados inmigrantes que vinieron a "hacer la América" no conocieron jamás la abundancia, pero sí la plenitud del duro trabajo honrado. Hicieron familias, hijos, destinos de los cuales muchos de nosotros somos parte activa en estas épocas de hoy, tan grises, tan mentirosas. Al mismo tiempo, la hipocresía telúrica produjo un tipo de "argentoide" pasatista, cultor de distintas prebendas que antaño se llamaron "la coima, la cuña y el acomodo", propenso a "pararse con un golpe de suerte" en el hipódromo o la quiniela. Puesto que las novelas de Beatriz Guido sobre la "aristocracia" porteña decadente, los libros de Arturo Jauretche sobre el "medio pelo" y los "tilingos", y tantos tangos cuentan esa historia, no viene al caso reproducirla aquí. Propensos a enriquecerse y a disfrutar París, pero nunca a ser parte de la siembra de una Argentina inaugural, "como en navidad", según la imagen que nos dejó Marechal.

Al borde del mítico 2001, cuando se instalará una tripulación permanente en la Estación Espacial Internacional –preámbulo de la colonización de Marte– que construyen Estados Unidos, Rusia, Japón, Canadá, la Agencia Espacial Europea, Italia y Brasil, la Argentina luce como un vetusto navío a la deriva en algún agujero negro del cosmos. Con decenas de millares de argentinos finales que disponen de más datos sobre el arte de jugar al Pokemón o sobre la formación de Los Angeles Lakers, que sobre al arte de vivir honesta e intensamente. Una especie de "chorizo republic" pendiente de fabulosas inversiones extranjeras y de magníficas exportaciones comerciales...

¿Y si tales panaceas se demoran o no llegan a suceder? ¿Acaso nuestro destino será volvernos una nación de mendigos? No lo creo. No lo admito. No lo espero. En cambio, creo que vivimos en una época singular donde la única tarea digna consiste en convertir en realidad ciertas utopías. Somos una legión de desarraigados que todavía buscamos "hacer la América", pero no tomando a ese "hacer" como sinónimo de enriquecimiento veloz y cómodo, sino como disciplina de construcción solidaria.

Hace mucho tiempo, un desarraigado argelino-francés, Albert Camus, premio Nobel de Literatura, escribió: "Verdad es que se trata de una obra sin término. Pero aquí estamos nosotros para continuarla. No creo suficientemente en la razón para adherirme a la idea de progreso ni tampoco en ninguna filosofía de la Historia; pero al menos creo que los hombres nunca dejaron de avanzar en el proceso de adquirir conciencia de su destino. No hemos superado nuestra condición y sin embargo cada vez la conocemos mejor. Sabemos que nos hallamos en una situación contradictoria, pero también que tenemos que rechazar la contradicción y hacer todo lo que sea preciso para reducirla. Nuestro cometido de hombres estriba en hallar aquellas fórmulas capaces de apaciguar la angustia infinita de las almas libres. Tenemos que volver a coser aquello que se ha desgarrado, hacer nuevamente concebible la justicia en un mundo tan evidentemente injusto, para que vuelva a adquirir significación la felicidad para los pueblos envenenados por la infelicidad del siglo. Por cierto que se trata de un cometido sobrehumano. Pero el caso es que se llaman sobrehumanas aquellas tareas que los hombres cumplen en muy largo tiempo; he ahí todo".

La Argentina inaugural difícilmente brotará de los cenáculos materialistas de la Capital de la República. Deberá surgir desde el humus, desde el surco, desde las almas recónditas, fuera de los juegos de poder y de gloria. Desde el trasfondo del país donde más que las inversiones y los negocios bursátiles importa que coman los hambrientos y amen los solitarios. Donde sería posible la autosuficiencia alimentaria mediante el simple oficio de volver a hacer que la tierra produzca para el pan de cada día, y no para los negocios de "yuppies" especuladores. Donde se funden nuevos pueblos basados en las tecnologías apropiadas, la agricultura orgánica y las energías renovables. 

Comunidades-granja donde cada cual pueda sacar a luz lo que tiene de mejor, y no como sucede en las metrópolis insensatas, donde todo parece consistir en exteriorizar una vocación de fieras.

Entre la manada y la jauría, ritual masivo tan expandido por aquí, existe otra opción: la del hombre y la mujer empecinados en "angelizar" su ser en el mundo, en cultivar la elevación, no la decadencia. Como decía el poeta santafecino Miguel Brascó: "Primero serán 3, luego 6, después 12, 24, 48, 96, miríadas de mufados de ojos pacíficos, en vías ya de ser ángeles y de procrear ángeles por mero contagio, contacto, impacto y persuasión".

Marechal decía que veía a esta zona del mundo como la capital espiritual del planeta. No se equivocaba. Lo único que falta es empezar a fundarla.


HUMANIDAD XXI


DESPROVISTO DE ESPIRITUALIDAD, EL INDIVIDUO ESTÁ CONDENADO A LA INTRASCENDENCIA. 

HUMANIDAD XXI





  Escribe:  Miguel Grinberg
Ilustraciones: Omar Panosetti


APM- ACTUALIDAD PARA MÉDICOS
AÑO IX - NÚMERO 70 -  OCTUBRE de 2004

Pese al caos socio-económico-cultural que impera en el mundo, fluye nítidamente (para quien se predisponga a discernirlo) un manantial de vivencias trascendentales. Nada de ello puede definirse como "sobrenatural", "paranormal" o "parapsicológico", ni como "estado alterado de la conciencia". Se trata de nuestra fibra espiritual suprema, hoy en vías de florecer sin condicionamientos, en un mundo donde cada día hay más instituciones o sectas disputando la titularidad de Dios, y más individuos agobiados por una trivialidad atroz.
Cada ser humano, al nacer, es depositario de un potencial divino que raras veces desarrolla en la medida entera de sus posibilidades. Algunos pocos individuos logran llevar al máximo tal don natural, simplemente porque toda la cultura moderna —y por consiguiente, toda la sociedad— está orientada hacia otras latitudes de la experiencia vital, en su mayoría periféricas, superficiales, agónicas. Así, en la profundidad del alma humana, queda enquistada una gema que se atrofia o aborta en cuanto a sus potencialidades vivenciales, visionarias y transformacionales. Sabido es que todo órgano —tanto físico como espiritual— que no se pone en funcionamiento, termina atrofiándose.


Otras personas, fragmentariamente, por vocación, por circunstancias azarosas o por leves atisbos de lucidez, llegan a transitar algunos senderos del conocimiento profundo y perenne que se anida en nuestra especie. Ello les permite vislumbrar el manantial supremo de la existencia, aunque sólo paladean fugaces gotas del mismo: jamás se zambullen en su cauce. Demandas materiales, familiares o sociales acaban absorbiendo su atención, al punto de no permitirles ir más lejos en sus intuiciones del cosmos íntimo.



La multitud ni siquiera imagina semejante tesoro: vive hipnotizada por atracciones que la mantienen en el territorio de la irrealidad, de las ficciones disfrazadas de trascendencia. Buena parte de las patologías contemporáneas emerge de tal desperdicio de energías generativas, que al no ser puestas en acción, se malogran produciendo efectos ajenos a su raíz infinita.





 

  Nada de esto tiene implicancia "esotérica". Este término de origen griego designaba doctrinas de misterios antiguos a los cuales sólo tenían acceso los elegidos. Cuando dichas enseñanzas se comunicaban a los profanos, eran entonces consideradas "exotéricas". Un maestro reservaba la enseñanza esotérica para sus discípulos selectos, en tanto la exotérica era comunicada de modo accesible en disertaciones públicas sin restricciones. Esta modalidad se halla virtualmente en las grandes religiones tradicionales como en otros credos de menor expansión.


El esoterismo, como doctrina o práctica espiritual, sostiene que la enseñanza de la verdad —religiosa, científica o filosófica— debe restringirse a una cantidad limitada de iniciados, ya sea por su capacidad intelectual o por su riqueza moral. Todas las religiones antiguas aplican tal diferenciación. En el Bhagavad Gita , libro magno del hinduismo, se lee: "Si conoces toda la verdad, guárdate de perturbar la mente de quienes no están preparados para recibirla, porque las enseñanzas inoportunas o prematuras los apartarían de la acción en que sólo ven la verdad a medias y quedarían extraviados y confusos". Este criterio también es aplicado por los teólogos cristianos.



Al remarcar con esto que no estamos hablando sobre un pasaporte hacia alguna ciencia oculta, sino —en cambio— sobre una sabiduría natural sumergida, evitamos caer en el campo del ocultismo (donde se agrupan todos los fenómenos que no logran ser explicados por las leyes naturales) o del hermetismo (surgido de la sabiduría divina del dios Thot y de las enseñanzas de Hermes Trismegisto, mítico rey del antiguo Egipto versado en la magia, la alquimia y la astrología, cuyas obras —fusión de ideas egipcias y griegas— se conocen como Libros Herméticos).



Tampoco situamos esta latitud del discernimiento en la órbita del gnosticismo, fragmentado en infinidad de escuelas y corrientes con interpretaciones discordantes sobre la naturaleza de Jesús, la emanación, la redención y la caída. Como se sabe, en griego gnosis significa conocimiento. Los gnósticos fueron pensadores religiosos heterodoxos en los siglos iniciales de la Era Cristiana, con un conocimiento singularmente íntimo y profundo de los misterios sagrados, oscilando entre el ascetismo y la transgresión, desde las perspectivas religiosas tradicionales de esa época.



PSEUDOPROFETAS


Ocasionalmente, algunos observadores cargados de prejuicios (o carentes de información real), ante 1) un neto rebrote de antiguas prácticas esotéricas, 2) el obvio auge de nuevos movimientos religiosos, y 3) la fuerte expansión de una corriente de pensamiento rotulada genéricamente como New Age (Nueva Era), las han mezclado peyorativa y calumniosamente con el activismo de infinitas sectas milenaristas surgidas en el final de siglo XX. No han vacilado —además— en colocar en el mismo casillero tanto a practicantes de las artes adivinatorias, como a seguidores del "fenómeno OVNI", cultos evangélicos de corte diverso, escuelas de autoconocimiento y meditación oriental, terapias alternativas, movimientos ecologistas, líneas de alimentación natural, gemas y otras heterodoxias, como si se tratase de un complot pagano para negar la existencia de Dios, Cristo o la Virgen María.



Hacia finales de los años '70, desde los Estados Unidos, comenzó a circular el concepto de frontera acuariana que, de modo persistente y expansivo, desembocó en algo que hoy —a nivel mundial— extravió su veta transformadora y pasó a ser un cóctel desnaturalizado (y por momentos retrógrado) debido a la incursión oportunista de ávidos comerciantes y pseudoprofetas de cualquier talante que inundaron las mesas de "autoayuda" en las librerías. Ya en 1983, el futurólogo Michael Marien impugnó estructuralmente el profetismo acuariano de Marilyn Ferguson, calificándolo como "síndrome del arenero", o sea, ese ángulo rectangular de la plaza pública donde las mamás meten a sus bebés "para que no embromen".

Marien puntualizaba que, si bien en el mundo es deseable una transformación radical de valores, percepciones e instituciones, ello está muy lejos de ser inevitable. Y frontalmente acusaba a los peregrinos acuarianos de contribuir con su "síndrome del arenero" a paralizar toda modificación que realmente diera una respuesta imaginativa a los atascamientos espirituales, éticos y estéticos de la sociedad posmoderna. Decía: "El síndrome acuariano del arenero consiste en una serie de conductas inducidas para mantener a un individuo o a una organización en un estado pueril de inocencia, contento con la construcción de castillos de arena, en vez de hacerlo en la vida real, trabando una dinámica de crecimiento y fabricando consuelos egocéntricos" .


No cabe duda que en ésas, como en otras actividades más rutinarias de la vida moderna (política, sindicatos, derecho, medicina o pedagogía) existen delirantes y falsarios de carácter surtido. Es indiscutible que en el "supermercado espiritual" de los albores del siglo XXI pululan grupos sectarios, totalitarios y oscurantistas del Occidente tan materialista que nos toca padecer. Pero no se puede juzgar de manera tan estrecha algo que en cierto modo comienza a configurar los temblores iniciales de un inédito paso evolutivo de nuestra especie.



El saber integrativo que nos ocupa se denomina "holístico", a partir del término griego holos (entero). No se trata de un conocimiento acabado, completo, sino de una visión expansiva, abarcadora. De allí la dificultad del cientificismo positivista o mecanicista para comprenderlo: no se puede capturar lo inmaterial desde lo material, lo infinito desde lo finito, lo eterno desde lo temporal, el misterio desde el racionalismo.



Esta nueva conciencia convergente de solidaridad universal posee, claro está, matices de religiosidad, no por inscribirse en alguna religión —pasada, presente o futura— sino porque la expresión latina religio proviene tanto de relegere (repasar) como de religare (volver a unir).

Místicos y espiritualistas de origen variado, en Oriente y Occidente, han transitado esa "consciencia cósmica" que todo lo incluye y todo lo trasciende, con rasgos de éxtasis o de beatitud. El doctor Abraham Maslow, de la tercera corriente de psicología contrapuesta a la psicoterapia de Sigmund Freud y el conductismo de B. F. Skinner, se refirió a ello como "estados cúspide". Otras definiciones encaran la religión como una emoción intensa basada en la captación de una armonía suprema entre uno y el universo, sin adscribirla a un dogma a o una institución (decisión personal de cada individuo). Durante el último cuarto del siglo XX se divulgó una cuarta corriente terapéutica que incorporó las experiencias espirituales del individuo, y que se ha conocido como psicología transpersonal. El psiquiatra Stan Grof las situó en el plano de las "emergencias espirituales", no como situación de catástrofe sino como un manantial de vivencias trascendentales. Actualmente, el filósofo Ken Wilber expresa un paso más adelante, que sencillamente denomina pensamiento integral.


Nada de ello puede definirse como "sobrenatural", "paranormal" o "parapsicológico", ni como "estado alterado de la conciencia". Se trata de nuestra fibra espiritual suprema, hoy en vías de florecer sin condicionamientos, en un mundo donde hay cada día más instituciones disputando la titularidad de Dios y más individuos agobiados por una trivialidad atroz.



Actualmente, los cultores más elementales de la Nueva Era impulsan como meta excluyente el sentirse bien, el tener éxito, el realizarse energéticamente (lo cual en sí mismo es inobjetable, excepto cuando se convierte en un arenero). En esta latitud, muchos individuos suponen que si el mundo se pudre, el problema será "de los demás". O sea: practican simplemente una especie de autohipnosis. Algo análogo sucede también en el terreno ecológico donde muchos ambientalistas advierten sobre los peligros del recalentamiento global y del cambio climático imperante, pero omiten que la humanidad padece una pavorosa crisis surgida del hambre espiritual no satisfecha.



Como de costumbre, las modas van y vienen, dejando algunos bolsillos vacíos y otros más llenos. Mientras, la violencia y la inseguridad social aumentan y la primera década del siglo XXI no promete un edén acuariano sino alguna de las arquetípicas y multipropaladas pesadillas de ciencia-ficción a la manera de la película "Blade Runner" o de la novela "Valis" del genial Philip S. Dick.



La indagadora social Ferguson identificaba su inventario de influjos y propensiones como una "revolución sin líderes". Hoy su best-seller "La conspiración acuariana" se encuentra en las mesas de saldos. El investigador Fritjof Capra trazaba a su vez los paralelos entre la física cuántica y el misticismo hindú. El científico James Lovelock aportó la hipótesis Gaia. Y su colega Rupert Sheldrake, la teoría de los campos morfogenéticos. Varios lustros después, todas aquellas intuiciones —algunas honorables, otras incompletas— han desembocado en un confuso y a ratos decepcionante megamercado pseudoespiritual. Con menos best-sellers y mucha nitidez, Miguel de Unamuno señalaba el sendero: "Fe no es creer en lo que vemos, sino crear lo que no vemos" .



En todo momento de la vida inteligente hay dos macrotendencias: una hacia la verdad, otra hacia la falsía. Una hacia la luz, otra hacia la tiniebla. Una vez, el cineasta Federico Fellini comentó : "Por cada uno que se proyecta hacia la luz, hay diez mil empujando hacia la oscuridad" . Pero en el seno de la humanidad bulle aquí y ahora una corriente convergente de solidaridad universal. Cualquier nombre que la rotule es en última instancia insuficiente. La cuestión no consiste en aceptarla o en negarla, sino en convertirse en ejemplos vivos de lo que debería ser una obra suprema. Lo demás es ruido, murmullo timorato en el bosque humano.




* El libro más reciente de Miguel Grinberg se titula "La Generación ‘V' -la insurrección contracultural de los años sesenta" (Emecé). 

viernes, 22 de febrero de 2013

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jueves, 14 de febrero de 2013

El eco del futuro: Utopía y comunicación en la revista Eco Contemporáneo




La foto (donde posan juntos Miguel Grinberg y el poeta beat norteamericano Allen Ginsberg), fue tomada por Ernesto Fernández, con la cámara de Miguel, en La Habana, Cuba, febrero de 1965, cuando ambos eran huéspedes de la Casa de las Américas (Allen Ginsberg Project)


















El eco del futuro: Utopía y comunicación en la revista Eco Contemporáneo


"Revista inter-americana", así se definía Eco Contemporáneo desde la portada de su primer número en 1961, cuya editorial la presentaba como "un órgano de expresión no específico" (1). A cargo de Miguel Grinberg, y variados colaboradores, publicó trece números a lo largo de la década, en los que hoy podemos leer una inclusión marginal en ese campo que Claudia Gilman definió como el "programa común de la intelectualidad progresista del continente" (2). Pero en Eco Contemporáneo la cultura de izquierda aparece tamizada por influencias novedosas, como la literatura beatnik, en los primeros años, y el movimiento hippie, después. Cuba, el compromiso intelectual y la revolución, fueron centrales en los debates en revistas y encuentros de escritores de entonces, y Eco participó a su manera de este proceso, pero con definiciones y estilos desde su primer número, que hacia el final de la década hicieron que su proyecto derivara en algo tan alejado al horizonte de la izquierda latinoamericana como la definición de su número 11 de 1968: "Somos siconautas -exploradores del espacio interior- embarcados en un proceso de dinamización existencial, a fin de crear una comunidad invisible a los ojos de los deformados que preconizan la caducidad en cuotas." (3).

"Revolución vs. Revolución": el ensayo que Miguel Grinberg publica en el primer número, comparte con los que le seguirían en los números posteriores un tono de manifiesto, de invitación a integrar una movida inaugural, renovadora, expresada en una lengua en vías de creación. "Los mufados han llegado" (4), dice, y en lo sucesivo emprende la tarea de esbozar una definición para este sujeto juvenil revolucionario en el que estaría implicada "toda una generación argentina". Un mismo tono de apertura, de anuncio de novedades, incluyendo "el advenimiento de una Nueva Era", que se observa en el criterio editorial para la selección de notas, que en los primeros números abarcan desde dossiers de nueva poesía brasileña o un manifiesto del nadaísmo colombiano, hasta la publicación de "América", el emblemático poema del descontento beatnik de Allen Ginsberg. Eco Contemporáneo es, así, el intento sostenido en el tiempo por dar nombre y consistencia a los rasgos de una nueva cultura emergiendo de ciertas obras (sobre todo textos de literatura y ensayo, pero también música, cine, danza, etc.) con las que se perfila la imagen de un futuro posible. Eco, entonces, como un doble recorte. En disidencia tanto con una cultura oficial anquilosada (la "mufa"), como con la militancia política de izquierda, esboza un camino marginal necesitado de una fina labor de equilibro poético, para definir una "Revolución" con palabras y sentidos que no se contraponen totalmente, pero sí son distintos de los que Latinoamérica asoció a esta idea luego del triunfo de la Revolución Cubana.

"El Mundo Caduco nos tiene sin cuidado y buscamos a los que piensan como nosotros, apelamos a ellos para que se nos acerquen o nos escriban. Desde Buenos Aires a Berlín, desde New York a Kyoto, desde México a Leopoldville, desde Madrid a Moscú, desde Orán a Varsovia, TODO lo que implique capitalismo-comunismo-fascismo-anarquismo con sus conflictualidades Guerra Fría, NOS HARTA" (5). Casi todos los rasgos del proyecto de la revista Eco Contemporáneo aparecen delineados en sus primeros números. Allí están el utopismo visionario de nuevos tiempos y de un "nuevo hombre" (6), ligado a un impulso cosmopolita, de ansiosa actualidad y de búsqueda de canales de comunicación para el intercambio de noticias y literatura. Ejemplar, en este sentido, es la anécdota publicada en forma de carta recibida desde Estados Unidos y enviada por la redacción de la revista literaria Floating Bear (7). La misma integraba el circuito de prensa under mimeografiada que florecía por entonces en varias ciudades de Estados Unidos, y su carta narraba la detención reciente del editor de la revista por parte de dos "inspectores postales", que lo sacaron de la cama acusándolo por la difusión de textos obscenos, descubiertos cuando los empleados de un reformatorio revisaban la correspondencia de uno de su internos. Floating Bear era distribuida sólo por correo, en forma gratuita, a una lista de suscriptores amigos y poetas, y en un número reciente había publicado los textos en cuestión: "La rutina" de William Burroughs, y "El infierno de Dante", de su editor el poeta beatnik Leroi Jones.

Estas peripecias de una edición independiente, en busca de canales de difusión alternativos, libres de censura, y sus reverberaciones de California a Buenos Aires, son una marca siempre presente en Eco Contemporáneo, que unos números más tarde anunciaba el lanzamiento del Movimiento Nueva Solidaridad, una iniciativa para crear una red de poetas y revistas literarias latinoamericanas, al margen de instituciones y partidos.

La revista alcanzó los trece números en 1969, sin dejar de proponerse una periodicidad trimestral. Nunca lo logró, y esto tal vez acentuara el matiz de novedad incipiente y el dramatismo latentes en sus páginas. "Esto se acaba", podía decir un tal Annibel Sagnabatta, desde un mini ensayo titulado "Los amos del mundo", en el primer número: "Todos desapareceremos, y Noé enfilará sus naves hacia alguna plaza en la que florezcan los lirios del nunca más" (8). La doble página se completaba con una fotografía del hongo atómico que devastó a Hiroshima, seguida de un poema escrito por un niño de la ciudad, dedicado al funcionario que arrojó la bomba. La misma ruptura con el pasado, entendida como la conclusión de una era, que guíaba la poética de las editoriales, y motorizaba el ánimo divulgador e internacionalista de la revista. "No sólo en Occidente se alzan algunos jóvenes contra mitos y tabúes tradicionales" (9), afirmaba al presentar los poemas de Evtuchenko, el por entonces célebre miembro de los konsommoles de la URSS. Mientras que Witold Gombrowicz, exhiliado en Argentina, e ignorado por la cultura oficial, era adoptado como faro para una vía de escape de la "mufa", el "Mundo Caduco" definido en las editoriales. En este punto, el gesto de rechazo de lo instituido coincide con otro gesto de voracidad. Un ansia de presente expresado en la introducción del Movimiento de la Nueva Solidaridad, y su listado de palabras dedicadas a la época como una catarata de estímulos y acontecimientos proyectados hacia el futuro. Una mezcla de fascinación y advertencia: "Los años '50... Los años '60... Los años '70... Cine Literatura Pintura Guerra de guerrillas Viajes interplanetarios Burguesía Proletariado Golpes militares Neofascismo Cibernética Ciencia ficción Psiquiatría Música electrónica Estereofonía Delincuencia juvenil Hambre Suez Hungría (...) Twist Soul Jazz Manifiesto de los 121 Marylin Monroe (...) Profumo Bem Bella Telstar Juan 23 Los años '80... Los años '90..." (10).

Las portadas de Eco dan testimonio de su afán modernizador, un paso abrupto desde las ilustraciones tortuosas de color mate, en los primeros números, hasta las composiciones de tipografías estilizadas en colores brillantes, y los fotomontajes, que en los números finales subrayan un cambio en la línea editorial. Pero del mismo modo, casi no hay poema, ensayo o texto en la revista Eco que no pueda ser leído a través del prisma utópico-generacional, y el anuncio de cambios inminentes. Rastros de este programa se dejan leer en una obra de teatro como la publicada en el número 4, "Los nietos de Dios" de Walmir Ayala, una fábula protagonizada por tres robots y un ser humano, que pone en escena las limitaciones de la consciencia de la máquina, pero también en la visión mística de Pierre Teilhard de Chardin, en un ensayo en el que describía los aceleradores de partículas de la Universidad de Berkeley (los "ciclotrones") como el camino para un nuevo conocimiento científico-espiritual del Universo. Una novela del argentino Antonio Dal Masetto, cuyos primeros capítulos aparecen publicados por entregas, narra la llegada a Buenos Aires desde un pueblo del interior de un joven, que deambula por la ciudad y experimenta la revelación de otra realidad y un nuevo horizonte para su vida. Casi una dramatización de las aspiraciones de la revista a ofrecer una vía de acceso a una visión alternativa, a un nuevo comienzo nutrido de arte, poesía y experiencias emocionales. (En particular, el final del primer capítulo es casi una paráfrasis de "She's leaving", la canción que los Beatles escribirían unos años más tarde, en la que una joven abandona de madrugada y en silencio su casa familiar, en una modesta épica de ruptura generacional).

"Para el Pentágono somos comunistas, para el Kremlin somos capitalistas, para los chinos somos burgueses, para los burgueses somos degenerados, para la Iglesia somos ateos, para los ateos somos imbéciles místicos, para los guerrilleros somos dilettantes, para los gendarmes somos terroristas. Con tal pedigree veo oscuras planicies en nuestro futuro. Todo por insistir en ser libres. ¿Hay derecho?" (Carta de Miguel Grinberg a Allen Ginsberg, p. 122, nr 8/9). Desde Buenos Aires Eco teje relaciones postales con el resto del mundo. En el número 4, la sección Cartas publica una carta de Allen Ginsberg desde Calcuta dirigida a Miguel Grinberg, en la que menciona las "extrañas historias de Borges" y pregunta por Julio Cortázar, sobre quien leyó en Floating Bear. Estos primeros números de Eco incluyen, además de poemas de escritores beatniks, algunos textos latinoamericanos y avisos de revistas de Estados Unidos como Yugen y Pa'lante, y de la librería City Lights Books de San Francisco. A partir del editorial del número 4 (1962), la convocatoria se hace explícita a "quienes comparten nuestro descontento para iniciar el combate y dejar de estar solos" (11), mientras se amplía la gama de menciones y textos provenientes de grupos latinoamericanos, como los tzánticos y la revista Pucuna de Ecuador, el nadaísmo colombiano y, sobre todo, El corno emplumado, la revista bilingüe editada en México por Margaret Randall y Sergio Mondragón. El número 5 (1963) presenta el Movimiento de la Nueva Solidaridad, junto a una carta de Allen Ginsberg aceptando la presidencia honoraria, al tiempo que se invita a poetas y revistas de Latinoamérica a ponerse en contacto. "La poesía es internacional por excelencia" escribe Raúl González Tuñón en el mismo número, saludando el "ímpetu inconformista y creador (...) de las generaciones beat y mufadas" (12), en una nota que además evoca su paso por un congreso de escritores de Asia y África a fines de los '50, celebrado en Tashkent, Uzbekistán. Uruguay, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Perú, Venezuela, México y EEUU son los países de donde provienen los textos publicados.

En el número doble 6/7 (1963), el Movimiento de la Nueva Solidaridad (MNS) se presenta consolidado por las respuestas provenientes de distintos lugares del continente. En tres páginas, se enumeran movimientos, publicaciones y obras de cine y literatura que inspiraron al MNS, o que comparten con él la "escena" contemporánea, incluyendo revistas como Okyeame (Ghana), Seara Nova (Cabo Verde) y Bintingur (Islandia). Adjunta, la lista de palabras ya mencionada refiere los grandes hitos de la aldea global, de Marilyn Monroe al satélite Telstar, que terminan de definir las ambiciones cosmpolitas de Eco, su afán por inscribise en las convulsiones de la época y el mundo. Crece, entonces, la lista de direcciones para escribir y recibir revistas de otros países, principalmente latinoamericanos, convirtiendo a Eco en nodo de esa red de intercambio de publicaciones, que además anuncia un encuentro para 1964 en México, bajo el título de Acción Poética Interamericana. "Eco es un instrumento, algo así como un teléfono." escribe una lectora en una carta del número 8/9 (1965). Las palabras resuenan en el ensayo del situacionista Alexander Trocchi del mismo número, y presagian el recorrido que seguiría la revista por el resto de la década. De revista literaria a órgano de la contracultura, Eco abandona progresivamente la literatura, para publicar breves ensayos provenientes o inspirados en los movimientos juveniles de Estados Unidos. Trocchi imagina una logística de la comunicación y el intercambio entre comunidades de artistas e intelecutales distribuidas por el mundo: "la rebelión cultural debe apoderarse de las redes de expresión y las usinas de la mente", escribe, y sus propuestas parecen una etapa superadora de la internacional de la poesía imaginada por Eco en números anteriores. El medio, diría McLuhan, se había convertido en el mensaje, y la revista profundizaría su senda reflexionando sobre su propio carácter de vehículo de la comunicación.

Los últimos números, hasta llegar al último de 1969, introducen la novedad del fotomontaje en las portadas, que acompaña el reemplazo de la literatura por los textos sobre hippismo, ecología y, en general, distintas formas de relevar el cambio, la revolución en marcha. La revista, a su manera, se somete a esa pasión por lo real que Alain Badiou propuso como una constante en el arte y la política del siglo XX (13). Una búsqueda de efectos concretos, concebidos frente al horizonte de un mundo nuevo en cuya construcción participaría el arte con distintos grados de inmediatez. Eco, con sus editoriales-manifiesto y su afán declarado por intervenir en los procesos de cambio de la época, se liga a esta voluntad vanguardista de transformación. La literatura que acaba por desaparecer, es sintomática de una época en la que el rol de escritores e intelectuales se hallaba en el centro de los debates acerca del compromiso de la cultura en el campo de la política. En perpetuo relanzamiento y reformulación de su proyecto, Eco es además el relato, la reflexión sobre sí misma. Tal vez una manera de leerla hoy, sea menos como el proyecto de una revista a duras penas sostenido en el tiempo, que como una obra conceptual, la formulación de una utopía de la comunicación atravesada por acontecimientos y avances técnicos. En ese sentido, una caja de resonancia, para decirlo con sus palabras, de las "voces de la Tribu, sonidos del Eco contemporáneo" (14). Un registro, finalmente, que por su espíritu marginal, y la concentración en unos pocos números de un proyecto sostenido durante una década, ofrece un punto de vista significativo sobre procesos políticos y culturales. Un caleidoscopio en el que se combinan retazos de los beatniks al hippismo, de la literatura a los debates de la izquierda latinoamericana, de la expansión de los medios de comunicación al desarrollo de una cultura de la imagen y su impacto, nuevamente, en la literatura. Fenómenos entrevistos, apropiados y retransmitidos desde Argentina por esa suerte de satélite contracultural que Eco aspiraba ser.

Bibliografía 

Revista Eco Contemporáneo, Buenos Aires, 1961 - 1969, nros. 1 a 13
Badiou, Alan, El siglo, Manantial, Buenos Aires, 2005
Gilman, Claudia, La pluma y el fusil, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003
Jameson, Fredric, Periodizar los 60, Alción Editora, Córdoba, 1995
Grinberg, Miguel, La generación V, Emecé, Buenos Aires, 2004


Notas

1 Editorial, Eco Contemporáneo, n. 1, 1961, p. 9
2 Gilman (2003), p. 83
3 Grinberg, Miguel, Editorial: "Una comunidad invisible" en Eco Contemporáneo, n. 11, 1968.
4 Grinberg, Miguel, 1961, n.
5 Grinberg, Miguel, 1962, n. 3, p. 3
6 Grinberg, Miguel, 1962, n. 1, p. 65
7 "A secrete location on the Lower East Side" en Adventures in writing 1960-1980, Clay, Steve y Phillips, Rodney, New York Private Library, Nueva York, 1998.
8 Eco Contemporáneo, 1961, n. 1, p. 60
9 Eco Contemporáneo, 1962, n. 2, p. 29
10 Eco Contemporáneo, n. 6/7, 1963
11 Eco Contemporánez, n. 4, 1962, p. 2
12 Eco Contemporáneo, n. 5, 1963, p. 56
13 Badiou, Alan, El siManantial, Buenos Aires, 2005.
14 Eco Contemporáneo, nr 13, Buenos Aires, p. 3